Economía de la felicidad: ¿Necesitamos tanto para ser felices?

Nochebuena, Papá Noel, Nochevieja, comidas y cenas navideñas, fiestas, luces, música, Reyes, regalos…gastos y más gastos.
Y ahora que ya han pasado las fiestas ¿realmente necesitamos tanto para ser felices?Hace unos meses leí un artículo de Helena Norbery-Hodge, fundadora y directora de la Sociedad Internacional para la Ecología y la Cultura (ISEC) que justo hablaba sobre la importancia de la economía de la felicidad. Según ella, la globalización económica está destruyendo las culturas tradicionales y generando en la población de todo el mundo sentimientos de inadecuación y de inferioridad. ¿Acaso no es cierto que las personas que viven alejadas de toda la globalización, en un entorno natural y con lo justo para vivir no son las personas más felices que nos podamos encontrar? Así lo comprobó ella cuando viajó a Ladakh o “Pequeño Tibet”. Sin embargo, cuando en 1975 el gobierno de la India abrió a Ladakh a los alimentos, los bienes de consumo importado, el turismo, los medios de comunicación internacionales, la educación y otros símbolos del proceso de desarrollo todo cambió. Los habitantes de Ladakh se sintieron inferiores al resto por no poder disfrutar de la riqueza y el ocio que veían a su alrededor.Parece como si en definitiva los responsables de nuestra propia felicidad no fuéramos nosotros mismos sino la sociedad de consumo. Los medios de comunicación no hacen más que mandarnos un mensaje subyacente “si quieres ser visto, escuchado, apreciado y amado, debes tener el calzado adecuado para correr, los jeans de moda, los últimos juguetes y aparatos…” Y es cierto, ahora los niños no son felices si no tienen una tablet, el último videojuego, la última videoconsola…y nosotros los mayores tampoco nos quedamos atrás. Siempre queremos un móvil mejor y de último modelo, irnos de viaje cuanto más lejos mejor, tener el mejor coche del mercado, la última tecnología…no paramos de compararnos con el de al lado para intentar tener lo mismo que él y si podemos más, para parecer que somos más felices.  Este consumo lo único a lo que nos conduce es a una mayor competencia y envidia haciendo que los niños sean más aislados, inseguros, descontentos y como no queremos niños así, somos nosotros los que fomentamos ese consumo volviéndolo un círculo vicioso.Sin embargo, no necesitamos nada de esto para ser felices, no. La felicidad no radica en cuántas cosas tengamos, va más allá. De hecho, las personas que ganan la lotería es cierto que pueden ser más felices o mantener un estado de euforia durante un tiempo pero al cabo de unos meses u años vuelven al estado anímico del que partían antes de haber ganado nada.

“La cultura global de consumo utiliza la necesidad humana fundamental de amor y la convierte en codicia insaciable”

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¿Qué tal si nos paramos a pensar si de verdad necesitamos tanto para ser felices?
Muchas veces menos, es más.

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