Día Mundial contra el Cáncer de mama: aspectos psicológicos de la enfermedad

El 19 de Octubre se celebra el Día Mundial contra el Cáncer de Mama. Especialmente hoy damos todo nuestro apoyo a todas esas guerreras que siguen luchando por ganarle la batalla al cáncer y también recordamos a otras muchas luchadoras que desgraciadamente no pudieron ganar la batalla. Luchamos juntos porque un día no muy lejano, el cáncer de mama, pase a la historia.

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ALGUNOS DATOS:

Dentro de los numerosos tipos de cáncer que existen, la incidencia del cáncer de mama aumentó rápidamente en los países occidentales durante los años 80 coincidiendo con la generalización del uso de la mamografía.

En Europa, durante 1990 y 1994, el cáncer de mama en mujeres representó el 25% de todos los tipos de cáncer. Sin embargo, esta incidencia disminuyó en 2006 suponiendo el 13,5% de todos los casos diagnosticados de cáncer. En cuanto al pronóstico, la media de supervivencia a los cinco años entre 1990 y 1994 fue del 77% y en los países nórdicos, Francia, Italia y Suiza fue superior al 80% (Sant et al., 2003). Además, existen diferencias en cuanto a la incidencia y la mortalidad entre distintos países (Ver en Sant et al., 2003). Los países con mayor prevalencia son los países occidentales, especialmente Inglaterra, Noruega, Suecia, Dinamarca, Holanda, Estados Unidos y Canadá y los países con menor prevalencia son los países asiáticos (China y Singapur), países del Caribe y América Central y del Sur (México, Costa Rica y Chile). La diferencia se atribuye a factores relacionados con los estilos de vida y los hábitos de vida, aunque las cifras de incidencia y mortalidad por esta enfermedad parecen ir paralelas al grado de desarrollo socio-económico (García Rosado, 2009).

Respecto a  España, en 1998, la tasa de incidencia era la menor de Europa. Sin embargo, al igual que en otros países occidentales, España sufrió un considerable aumento entre los años 70 y 90. A partir de 1993 la tasa de mortalidad por cáncer de mama en España ha ido descendiendo debido al diagnóstico precoz por programas de cribado y a los avances terapéuticos con un descenso de un 2,4 anual. En el año 2004, la mortalidad por cáncer de mama en mujeres representó el 16,2% de muertes siendo la segunda causa de muerte en las mujeres españolas (García Rosado, 2009). En 2005, causó la muerte de 5.703 mujeres españolas, con una tasa de mortalidad estandarizada de 18,6 por 100.000 mujeres al año. Además, en el año 2006, la tasa de incidencia del cáncer de mama en España fue de 93,6 casos por 100.000 mujeres al año ocupando así una posición intermedia entre los países de Europa occidental y del este. La supervivencia en España a los 5 años se sitúa en un 83%, significativamente más alta que la media europea (79%) pero por debajo de la media de EEUU (90%) (Pollán et al., 2007).

En definitiva, pese a que poco a poco las tasas de mortalidad por cáncer van disminuyendo, hoy en día el cáncer de mama sigue siendo el tipo de cáncer más diagnosticado entre mujeres (Siegel et al., 2014). Según la Agencia Internacional de Investigación del Cáncer, el cáncer de mama es el tumor más frecuente en Europa con 429.900 nuevos casos y una tasa estandarizada de incidencia de 110 casos por 100.000 mujeres (García Rosado, 2009; Pollán et al., 2007).

FACTORES DE RIESGO:

Existen varios factores de riesgo asociados al cáncer de mama:

  • Ser mayor de 50 años. Sin embargo, en los países occidentales el diagnóstico aumenta en mujeres más jóvenes. Dicha incidencia va aumentando con la edad duplicándose cada 10 años hasta llegar a la menopausia donde disminuye considerablemente.
  • Las mujeres que tuvieron la regla por primera vez antes de los 12 años tienen mayor probabilidad de desarrollar la neoplasia que aquellas que tuvieron la regla después de los 14 años. Por tanto, las mujeres con una menarquia tardía tienen un menor riesgo de padecer cáncer de mama.
  • La menopausia tardía, ciclos menstruales cortos y un mayor número de ciclos menstruales a lo largo de la vida fértil también se asocian a un mayor riesgo de cáncer de mama debido a una mayor exposición a estrógenos y progesterona.
  • Nacimiento del primer hijo después de los 30 años elevándose el riesgo entre las que paren con 35 años en adelante.
  • Enfermedades benignas de la mama son otro factor de riesgo pero su identificación se ha incrementado gracias a la mamografía.
  • La dieta, uso de anticonceptivos orales, la lactancia o el aborto se han asociado con menor consistencia con el cáncer de mama.

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INTERVENCIONES PSICOLÓGICAS:

Las intervenciones médicas ya las conocemos pero, ¿Qué pasa con las intervenciones psicológicas? ¿Hacen la misma falta? ¿Están disponibles para estas mujeres? ¿Qué temas abordan?

El cáncer de mama es el cáncer más frecuente en Europa y el tumor más común entre las mujeres de todo el mundo. Además, se trata de una enfermedad generalmente crónica que suele exigir un tratamiento complejo, agresivo y con posibilidades de evolución diversas. A pesar de los avances habidos en el tratamiento, la mayoría de los pacientes de cáncer de mama van a experimentar un impacto psicológico así como dificultades en su vida cotidiana. Diversos estudios sobre calidad de vida indican que al menos una de cada cinco pacientes afectadas sufre dificultades emocionales (Font & Rodríguez, 2007)

Sociológica y culturalmente se ha asociado al cáncer como “una larga y penosa enfermedad” lo cual hace que se siga viendo como una enfermedad de mal pronóstico, costosa y dolorosa física y psicológicamente. Por ello, el abordaje médico no basta sino que se ha de integrar también el abordaje de aspectos psicológicos. Ante el diagnóstico de esta enfermedad se ha comprobado que se disparan diversas reacciones psicológicas como: evaluar la situación como estresante disparando las respuestas de estrés (física, cognitiva, emocional y motora); malestar emocional experimentando emociones negativas como ansiedad, depresión o ira y rechazo al apoyo social y/o a la comunicación de emociones relacionadas con la enfermedad (Antoni, 2013; Osowiecki & Compas, 1998). Asimismo, muchos de los pacientes con cáncer continúan experimentando altos niveles de ansiedad, depresión, fatiga, dolor y numerosos problemas para dormir (Carlson et al., 2004).

Resulta evidente que además del tratamiento médico es necesario incluir una intervención psicológica con programas que incluyan el manejo de las variables psicosociales como el malestar emocional, estrés, ansiedad, depresión, entre otras. Sin embargo, aun hoy hay muchísimo desconocimiento y no hay protocolos de actuación claros, además de que la inexistencia de psicólogos en los hospitales para abordar todo esto y poder mejorar la calidad de vida de estas personas mientras dure la enfermedad y también en la fase posterior.

¡AUN QUEDA MUCHÍSIMO POR HACER! ¡JUNTOS SOMOS MÁS FUERTES!

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Irene Solana

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